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Nos hemos acostumbrado
a la mediocridad

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Nos hemos acostumbrado a la mediocridad

Caminar —o moverse— por Santiago muchas veces se siente como una prueba de paciencia urbana. Entre semáforos eternos, reclamos por el Metro, buses llenos y servicios de transporte que parecen haberse quedado detenidos en el tiempo, se instala una sensación incómoda: nos hemos acostumbrado a la mediocridad. Según datos oficiales de movilidad urbana, en la capital circulan más de 22.000 taxis y cerca de 14.000 taxis colectivos. Sin embargo, para muchos usuarios —santiaguinos y visitantes— tomar un taxi o un servicio de transporte sigue siendo una experiencia impredecible. A veces el conductor domina cada atajo; otras, el trayecto parece improvisado. La experiencia oscila, y esa falta de consistencia se ha vuelto casi normal.

Humor urbano y resignación cotidiana

No es raro que, al solicitar un transporte, el pasajero se prepare mentalmente para lo “esperable”: tiempos de espera imprecisos, respuestas ambiguas, cambios de ruta sin explicación o trayectos que se alargan innecesariamente. Frente a esto, el estándar ha bajado tanto que, si el viaje no incluye una discusión sobre cómo llegar al destino o música a volumen excesivo, ya se considera un “buen servicio”.

Las aplicaciones de transporte han introducido competencia y mecanismos de evaluación, pero aun así persiste una sensación compartida: la vara sigue siendo baja en términos de seguridad, confort y consistencia. Y cuando el estándar es bajo, la mediocridad deja de cuestionarse y empieza a aceptarse.



Seguridad y calidad de vida: un estándar que no puede esperar

Esta normalización no es solo un tema anecdótico. En el transporte de personas están en juego la seguridad, el tiempo y la calidad de vida. Especialmente en horarios nocturnos o en traslados laborales, la diferencia entre un servicio improvisado y uno planificado puede ser crítica.

En una ciudad que avanza hacia conceptos como movilidad sostenible, integración del transporte y planificación urbana, no tiene sentido seguir tolerando experiencias mediocres en el traslado de personas. No basta con “no tener una mala experiencia”: es necesario construir y exigir estándares claros, consistentes y profesionales.

En Grupo Solucion creemos que el transporte no debería ser una experiencia que se tolera, sino un servicio en el que se confía. La movilidad corporativa exige planificación, continuidad operativa, seguridad y respeto por el tiempo de las personas. Elevar la vara no es una aspiración idealista; es una responsabilidad.

Porque acostumbrarse a la mediocridad no debería ser parte del viaje, ni de la forma en que las empresas mueven personas todos los días.

 

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